Partidos oxidados
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Etiquetas: elecciones, partido politicos, partidos politicos en chile, reforma, sistema binominal
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Etiquetas: elecciones, partido politicos, partidos politicos en chile, reforma, sistema binominal
El sistema electoral chileno es producto de la Constitución política de 1980. Entre los enclaves que desde entonces rigen está la inscripción voluntaria y el voto obligatorio. Esta ley funciona bajo el axioma popular de que si se obliga a la gente a votar, van a haber más votos validos. Sin embargo la evidencia muestra lo contrario. Desde 1988 no solo las tasas de participación ciudadana han caído sustancialmente, sino que la cantidad de gente que se inscribe para votar a disminuido paulatinamente. Las herramientas que deberían estar fomentando la participación ciudadana y la democracia han sido secuestradas por las leyes de nuestra Constitución.
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Etiquetas: candidatos, democracia, Inscripción Automática, inscripcion obligatorio, partidos politicos en chile, reglas electorales, sistema binominal, voto voluntario
En esta columna me refiero al poder que tienen los alcaldes dentro de sus comunas, de las consecuencias de aquello, y de la cantidad de alcaldes que permanece sucesivamente en el poder a través de los años.
Las elecciones municipales siempre son trascendentales dado que se elige al representante político más directo y cercano al pueblo. Entender que la elección municipal es la menos importante de todas, es una opinión errónea. Si bien el alcalde no toma las decisiones macro económicas ni guía las políticas nacionales, probablemente sea quien más influya en la vida cotidiana de la gente.
El alcalde actúa como el jefe político comunal, administrando y representando legalmente la comuna. A su vez, el concejo municipal trabaja como un ente que propone políticas públicas pero que a la vez ejerce un rol fiscalizador frente a las atribuciones ejecutivas del alcalde. Sin embargo el alcalde posee muchos más poderes y facultades que el concejo.Jaime Hales, concejal de Ñuñoa, argumenta que “para la ley, el concejal no existe, no tiene poder, ni capacidad alguna. Es el cuerpo el que existe, con la gravedad de que en él no sólo están los que han sido elegidos para eso, sino también el ultrapoderoso alcalde, que propone los temás, preside la estructura, fija la tabla, dirige las sesiones, vota y si se produjera un sorpresivo empate, tiene voto dirimente”.
El concejo municipal puede hacer poco para bloquear las decisiones del alcalde. Muchas de las decisiones administrativas y de asignación de recursos de las comunas son discrecionales del alcalde y no requieren de aprobación del concejo. Intuitivamente se puede razonar que el sistema de gobierno local nunca fue diseñado para ser administrado por un Concejo Municipal. En cambio fue creado con la intención de concentrar el poder en una sola persona.
Pero este poder es un arma de doble filo para el alcalde como candidato incumbente. Si el alcalde hace un buen trabajo arrastrará una parte sustancial de gente a preferir su candidatura, en cambio si hace uno más bien malo será castigado sumando votos en contra. Esta lógica, que incluye la posibilidad de perder la elección, lleva a los candidatos a enfrentar la tentación de utilizar sus atribuciones y herramientas para estratégicamente maximizar votos.
Por ejemplo, un alcalde con sendo poder de presupuesto comunal por un lado tiene la gran responsabilidad de responder a los ciudadanos de su comuna mediante la implementación de políticas publicas eficientes y eficaces, pero por otro lado hace aquello –o al menos parece hacer aquello– con el verdadero trasfondo de maximizar su votación. Como resultado el presupuesto que bien podría haber sido invertido en educación, transporte interurbano o programas de salud comunal, peligra terminar convertido en proyectos políticos populistas con miras a una re-elección.Pero la lógica también explica que un alcalde que no hecho un buen trabajo, y se ha guiado por estas lógicas egoístas y mezquinas, no tiene mayor convocatoria de votos. En estos casos las caras nuevas pueden parecer alternativas mucho más atractivas y renovadoras para los votantes.
Esta situación la podemos observar objetivamente al ver la cantidad de alcaldes que sucesivamente permanece en el poder a través de los años. Si bien una buena parte de los votantes en Chile parece estar optando por gente nueva, la mayoría parece estar contenta con lo que hay. Desde 1992, en cada elección municipal, alrededor de 40% de los alcaldes son nuevos, mientras el 60% restante es re-electo.
Esto confirma que al fin y al cabo es el soberano voto del pueblo el que vale. Sea el alcalde bueno o malo, son los votos los que deciden. Si la mayoría piensa que el alcalde incumbente es bueno, este seguirá en el poder, de lo contrario entra a la cancha el contendor más fuerte.
Actualmente hay 40 alcaldes que permanecen en sus cargos desde la primera vez que fueron electos en 1992. Hay 65 alcaldes que permanecen en el poder desde que fueron electos en 1996. Hay 80 alcaldes que permanecen en el poder desde que fueron electos en 2000, y hay 142 alcaldes que fueron electos en 2004, y que en 2008 cumplen 4 años en el poder.
Etiquetas: elecciones municipales, partidos políticos, partidos politicos en chile, poder, reelección
Los coaliciones políticas en Chile se forjaron a partir de clivajes históricos e ideológicos, donde en un comienzo la Concertación agrupó a todos aquellos partidos que se opusieron al gobierno militar, mientras que la Alianza agrupó a todos aquellos que estuvieron a favor. Pero si bien las posiciones ideológicas juntaron a los partidos en coaliciones, son las reglas electorales los que los han mantenido. Específicamente las reglas que rigen para las elecciones presidenciales y legislativas.
Por un lado, las elecciones presidenciales dan por vencido al candidato que logre 50% + 1 de los votos, obligando a los partidos políticos a juntarse en coaliciones para poder obtener esta cifra que de otro modo seria imposible. Y por otro lado las elecciones legislativas, que dan 2 escaños a cada partido si logran doblar al contendor más cercano. Esto significa que el partido que logra sumar 66,6% de los votos se adjudica el 100% de los escaños. Esta regla obliga a los partidos a agruparse en pactos para evitar enfrentar una elección donde puedan ser dobladas en votos y perder ambos escaños al contendiente más poderoso.
Este sistema creado en el gobierno militar fue diseñado sabiendo que cuando volvieran las elecciones democráticas, los sectores proclives al gobierno de Pinochet iban a perder en las urnas, pero no sabían exactamente por cuanto. Por ese motivo los ingenieros del sistema electoral crearon reglas para evitar una masacre electoral mediante formulas especiales donde los resultados más desfavorables en votos –para su bando- resultaran en un equilibrio.
Para la derecha la condición implícita tras este sistema fue permanecer juntos para maximizar su votación y evitar que la Concertación se apoderara de la gran mayoría de los escaños en el poder legislativo. Es de ese modo como Renovación Nacional y la UDI firmaron un pacto que subsiste hasta hoy.
Al comienzo RN fue el partido mayoritario y por ende más poderoso dentro de la coalición. Por medio de imponerse a la UDI en todas las elecciones desde 1989 hasta 2000 tuvo la prioridad para tomar gran parte de las decisiones dentro de la coalición y consecuentemente ocupar la mayoría de las candidaturas en las elecciones.
Pero RN no era favorito porque si. RN fue favorito durante este periodo porque la UDI era vista como un partido más pinochetista y extremo. Situación que asustó a muchos votantes que retornaron a las urnas tras 17 años de un gobierno militar relacionado con las figuras emblemáticas de la UDI.
Pero en 2000 todo se derrumbó. Si bien fue un hecho puntual, fue principalmente la torpeza de RN que dejó que la situación se le escapara de las manos. Una serie de conflictos políticos entre ambos partidos finalmente resultó en la UDI absorviendo el poder de RN.
Desde las elecciones municipales de 2000 hasta las recientes elecciones legislativas de 2005 la UDI no solo se ha conformado como el principal referente dentro de la Alianza, sino que se ha consolidado como el partido más votado de Chile.
El cuadro muestra la caída libre de Renovación Nacional frente a la Unión Demócrata Independiente, en cuanto a porcentaje de votos:
El segundo hecho conflictivo lo protagonizó Piñera con Evelyn Matthei. En la pelea por la candidatura presidencial, el espionaje de Piñera derrumbó las intenciones de ambos. Esto resultó en que Matthei finalmente evacuara y se fuera a la UDI. Pero el problema político que fisuró a ambos partidos ocurrió en las convenciones presidenciales de la Alianza en 1993, cuando RN presento como candidato a Feliú, pero Novoa (de la UDI), -casi autoritariamente- lo reemplazó con un candidato de su propio sector: Alessandri Besa.
La tercera gran pelea se dio en las elecciones senatoriales de 1997, cuando la “campaña de las drogas” de Carlos Bombal le dio una paliza a Andrés Allamand en Santiago Oriente. De hecho fue tan fuerte el “efecto sicológico” de victoria de la UDI ese año, que Lavín, entonces alcalde de Santiago, se aprovechó del pánico y se autoproclamo candidato presidencial para 1999.
La exitosa –y sorprendente- labor de Joaquín Lavín en las elecciones presidenciales de 1999 fue lo que gatillo el éxito electoral de la UDI. La potente campaña de Lavín fue utilizado por la UDI como la inspiración para movilizar a los votantes. En 2000, el mismo año que la segunda vuelta presidencial, la UDI por primera vez logró obtener más votos que RN. Este hecho marcó el principio del fin de la marea electoral que otrora traía RN. En 2001 la UDI fue el partido más votado de Chile. En 2004 fue el segundo partido más votado (tras la DC), y en 2005, la elección más reciente, nuevamente fue el partido más votado del país.
Pero los conflictos entre RN y la UDI suman y siguen, tanto en las negociaciones como en los temas valóricos. Por ejemplo, en 2005 la lucha por la presidencia obligó a ambos partidos a egoístamente llevar un candidato cada uno, lo cual a la larga los perjudicó. En primera vuelta ambos candidatos sumaron más votos que Bachelet. En 2008 el tema de la pastilla del día después mostró una vez más las diferencias cuando RN apoyó la iniciativa en desmedro de la voluntad de la UDI.
Es por eso que no deben sorprender las declaraciones de “intenciones senatoriales” en la séptima región de Lilly Pérez. Es solo una forma de negociar cupos y cuotas de poder. Lo más probable es que ni RN, ni Pérez tengan intenciones allí, pero el hecho de declarar una “intención” da pie para crear bases de negociación. Justamente lo que RN necesita para proclamar a Piñera como el único candidato de la Alianza.
Pero la UDI difícilmente aceptará este tipo de tratos. Porque si bien el apoyo de la UDI es una condición necesaria para postular exitosamente a la presidencia, las peleas que ha tenido con sus principales dirigentes (Matthei, Arancibia, Lavín) en el pasado, lo vuelven una condición complicada.
La lucha por el poder dentro de la Alianza es un juego suma-zero. Esto significa que cuando uno obtiene más poder es a costo del otro. Es decir, si RN sube su votación, la UDI proporcionalmente la baja, y viceversa. Pero el dilema esta en lo siguiente. Que Piñera sea presidente no necesariamente es un logro para la UDI, pero por otro lado es mejor opción que cualquier candidato de la Concertación. Vamos a ver que pasa.
Etiquetas: alianza por chile, elecciones, lilly perez, partidos políticos, partidos politicos en chile, rn, Sebastian Pinera, udi